marzo 14, 2003
De la inocencia de los niños y la ferocidad del invierno
Pero las imágenes de los niños en las favelas de Rio de Janeiro seguían dando vueltas en mi cabeza. Y se mezclaban con las imágenes de los niños durmiendo bajo los puentes de las ciudades latinoamericanas, con la imagen de aquel niño llorando en el andén un domingo a las once de la noche en el semáforo donde uno cruza de Unicentro a Ciudad Jardín. Ahora recuerdo que ver los niños no sólo me ha producido felicidad, o al menos, en muchas ocasiones, también ha producido lágrimas en mi rostro y dolores de impotencia en mis entrañas.
Muchas imágenes de niños se quedan para siempre en la memoria. Por ejemplo la del pichón aprendiz de brujo en el Amazonas jugando con piedritas a la orilla del río, seguramente viendo cosas de la naturaleza que nuestra adultez no nos permite ver. O la del negrito jugando a ser pescador con su balsita de palo en las orillas del Pacifico chocoano. O la de la niña, destapando sus regalos frente a un árbol de navidad cuando el reloj marcó las doce, pero antes ya le había entregado primero el regalo a su papá.
Estoy seguro que los niños siempre le guardan espacio a la sonrisa, a la imaginación. Pero lamentablemente, millones de niños y niñas en este mundo, aunque logremos sacarle fácilmente una sonrisa y despertarles fácilmente la imaginación, están condenados a crecer en condiciones precarias, injustamente excluidos de los privilegios de la salud, la buena alimentación, la vivienda, la educación y un desarrollo digno.
En el mundo hay niños muriéndose de hambre o de los maltratos de sus familiares. Niños jugando a la guerra con armas de verdad. Niños envueltos en guerras creadas por la incapacidad de los adultos para resolver conflictos sin darse bala, o por la incapacidad de nuestra raza de administrar y distribuir equitativamente las riquezas de la naturaleza. Niños que se alimentan día a día con rabia y con rencor; muestras de generaciones futuras que difícilmente optarán por el amor y el cariño que tanto se les ha negado. Niños con heridas tan hondas como tan difíciles de sanar. Niños en medio del hambre y la pobreza globalizada aunque en su televisor importado puedan ver no sólo a Micky Mouse si no también a otros niños comiendo Big Mac.
Muchos de estos niños que enfrentan el peso de la injusticia social cuando aun lo único que conservan es su linda inocencia, reciben como herencia odios, venganzas y peleas cazadas. Y muchos, también, reciben como herencia una gran carga de avaricia y ambición.
En los niños pensaba aquel sábado de invierno, entre el colorido del carnaval en la loma nevada.
Definitivamente hay cosas que le ayudan a uno a soportar la ferocidad de un invierno como éste. Cosas como el resplandor sobre la nieve en las noches de luna llena o los días soleados en campos de fortuna. Cosas como las travesuras inocentes de los niños o las carcajadas con los amigos en un café o un bar. Pero sobre todo, cosas como la sonrisa de aquella trigueña que me acompañaba esa tarde en la colina.
marzo 07, 2003
Lo cotidiano es política
Hace un par de años, cuando aún se sentía en el ambiente que se le apostaba a la paz y no a la guerra, llegábamos a la conclusión en un espacio estudiantil de reflexión frente al conflicto colombiano, que uno de los caminos de salida a la desesperanza era la politización de la sociedad civil. Obviamente que para resumir la botada de corriente de tantos soñadores jóvenes y artistas presentes en una frase tan etérea como esa, necesitamos de la ayuda de la capacidad de síntesis de algún politólogo camuflado en el evento.
Pero ¿qué diablos es eso de politizar la sociedad civil? La respuesta puede ser muy peluda y arriesgada. Por eso en estos medios propiciamos más preguntas que respuestas, las respuestas las construimos día a día. Y por ahí va la cosa, en el día a día, decíamos en otra botada de corriente, es que se construyen las identidades y los pilares de la sociedad y la cultura. En resumidas cuentas, una sociedad actuaría políticamente cuándo su cotidianidad sea parte de su acción política, o viceversa, que puede ser lo mismo.
Y entonces, ¿Cuál es la diferencia entre sociedad política y sociedad civil? ¡Pues ninguna! O al menos así debería ser. Pero en nuestros actuales sistemas (mal llamados) democráticos la sociedad política se ve por allá arriba bien lejos administrando el status quo para mantener la distancia con los que se ven por allá abajo bien lejos. Y la brecha se agiganta gracias a la linda (esta si cotidiana) definición de que la política es la defensa de intereses. ¿Los intereses de quiénes? Los intereses de quienes administran las estructuras actuales de poder. Pero, ¿qué interés puede ser más grande que el de la entera comunidad, qué el de la gente misma?
Las expresiones y símbolos de la juventud son, sin que tenga que ser explicito en los imaginarios ciudadanos, parte de la construcción de una cultura política que necesita de mucha cocción, de mucho fuego interno, de mucha adrenalina, para que en algún momento de nuestra historia futura (ojalá con más dialogo y poesía que sangre) aparezca una generación post-conflicto capaz de gobernarse a sí misma. Donde las representaciones y las delegaciones propias de nuestra excluyente democracia se desvanezcan y den paso a expresiones nuevas de participación comunitaria, donde las estructuras de vida (sociales, políticas y económicas) se construyan y se administren no para el bien común, si no desde el bien común.
Mientras tanto, la juventud sigue en su búsqueda de los límites de la libertad, entre ilusiones y las desilusiones, sueños y las pesadillas, fidelidades e infidelidades. Mientras tanto, la actual sociedad política nos sigue administrando las guerras y pobrezas.
enero 30, 2003
Al Pacino, Nueva York y los niños
Ver a Manhattan desolado y dormido, donde sólo se siente el viento, es posible únicamente con la magia del cine. Es escenificar la soledad al cuadrado.
En City Hall, Al Pacino es el alcalde de Nueva York. Y el discurso de turno lo da frente al ataúd de un niño de 6 años que cae tras una bala perdida de dos traquetos neuyorquinos que se matan entre sí. Uno se pregunta cuántos niños de 6 años no han caído entre las balas de los traquetos colombianos, de los paramilitares colombianos, de los guerrilleros colombianos, de los soldados colombianos. Y uno dice, a cuántos entierros de niños colombianos no han asistido los alcaldes, gobernadores y presidentes de nuestro país.
Pero Al Pacino, en medio de la silenciosa tristeza de la iglesia, se despeluca en otro de sus intensos discursos, reclamando una ciudad por lo menos vivible, "¿será mucho pedir?" dice. "¿Estoy pidiendo demasiado?".
"Esta es una ciudad terrible para ser un niño" le dice luego a su joven y soñador asistente, quien apenas está empezando a saborear las lágrimas y la sangre de la política.
Y uno se sigue preguntando, ¿no es mi tierra un lugar terrible para ser niño? ¿No es terrible nacer entre las balas y entre los caminos sin rumbo de pueblo en pueblo? O acaso no será también terrible crecer en un patio público de una ciudad desconocida en medio de las muñecas y los carritos regalados en navidad por ONGs de beneficencia. O jugar dentro de casas de cartón (pero no de juguete) frente a un televisor que muestra las Barbies y los Kens. ¿Acaso no es terrible la pobreza y el hambre de los niños de 6 años de Africa y Latinoamerica? A esos también los están matando las balas perdidas.
Pero uno sigue divirtiéndose viendo cine. Y Al Pacino siempre tendrá un mejor discurso que regalarnos. Y Nueva York siempre estará llena de gente y de soledades. Y los policías seguirán buscando a los traquetos mientras los abogados seguirán buscando al diablo.
enero 22, 2003
La Coca y el Yagé
- El Remedio está escaso…
- ¿y porqué Taita?
- Eso ya está muy peligroso pa´andar…
Eran tierras del Yagé, pero también, en las últimas décadas, tierras de la coca y de lo que la producción ilegal de cocaína trae con ello: el dinero en abundancia. Y el billete trae nuevas leyes, inseguridad, nuevas formas de poder, armas, prostitución, negocios sucios, muertes, venganzas, ambiciones y decepciones.
Ir a raspar coca al bajo Putumayo, en medio de todos sus peligros, era una buena opción para los hijos y los nietos de los Taitas del alto Putumayo, pero también para los campesinos (con sus hijos y nietos) del Cauca y del Huila, los que no habían todavía optado por la lucha de supervivencia en la ciudad o por la lucha armada que no entienden en las filas de la guerrilla, los paramilitares o el ejercito.
Yo no sé si las etnias del Putumayo usan la hoja de coca para algo, pero que no “quede ni una hoja de coca en el Putumayo” para mi no significa ganancia alguna, y mucho menos si vemos el problema con la óptica de los “resultados de gestión” al corto plazo minimizándolo a número de hectáreas erradicadas. ¡Ojalá se solucionara así el problemita! Pero es qué el problema no es la hoja de coca sino el dinero que deja su negro negocio. Las “malditas” no son las hojas de coca si no los billetes de dólar en que se convierten (y no por arte de magia).
¿O es que vamos a creer ingenuamente que fumigando las otras 7100 hectáreas sembradas de coca en el Putumayo le estamos dando duro y a la cabeza al negocio del narcotráfico?
¿O es que vamos a creer ingenuamente que vamos a poner a competir los ingresos de los campesinos que dependen de la coca y la amapola con ingresos de cultivos de palmito, cacao, frutas y demás tubérculos y raíces?
¿O es que vamos a creer ingenuamente que mientras se fumigan miles de hectáreas en un lado no se siembran miles de hectáreas en otros lados, bien sea en otro departamento o en las selvas de Ecuador o Perú? (Y esto también lo han demostrado informes periodísticos y oficiales durante la larga y fallida estrategia de erradicación de cultivos ilícitos en las últimas décadas).
Pañitos de agua tibia, y a veces hasta de agua helada que ponen a sufrir más al paciente…
noviembre 30, 2002
¿A qué le apuestan los paramilitares?
Hay razones para esperar resultados positivos en este esfuerzo de la actual administración. El gobierno de Samper, acusado de llegar al poder con ayuda de aportes del tráfico de drogas del cartel de Cali, dejó en la cárcel a toda su cúpula y desmantelo gran parte de su estructura. Ahora el gobierno de Uribe, acusado de tener lazos con los paramilitares, avanza decididamente el desmantelamiento de estos grupos. Aunque también hay razones para tener desconfianza de los posibles resultados, el narcotráfico desde Cali no sólo continúa si no que hoy algunos de los capturados están fuera de la cárcel. Sin duda el gobierno de Colombia tiene que ser severo en atacar el paramilitarismo y contundente frente a una posible negociación que logre desmontarlos y someterlos a la justicia.
Lograr una victoria militar frente a la guerrilla es algo muy lejano para una fuerza pública colombiana. En la guerra de guerrillas la subversión tiene muchas ventajas difíciles de atajar, pues son las fuerzas ilegales, clandestinas, atroces; mientras que las Fuerzas Militares son, precisamente, públicas, visibles, institucionales. Además, aunque se cuenta con apoyo logístico y financiero de los EEUU, los recursos de la nación no son suficientes para obtener los resultados esperados. Esto lo sabe muy bien el presidente Uribe y por eso los colombianos lo eligieron. Sabe, por ejemplo, que para pensar en derrotar la guerrilla necesitaría un ejército de por lo menos 500 mil hombres (un imposible para un presupuesto de un país subdesarrollado) y por eso ha apuntado a estrategias que le permitan aumentar el pie de fuerza sin gastar plata que no tiene, optimizando y diversificando los recursos. De allí salen sus redes de informantes y su propuesta de armar campesinos. Sin embargo la buena intención de estas acciones de fortalecer el estado para enfrentar la guerra contra las FARC y el ELN, corre riesgos de derivarse en nuevas fuentes de violencia que aporten a recrudecer el conflicto. Es bien difícil trazar la raya entre la seguridad privada y el paramilitarismo. Involucrar más gente (armada o desarmada) a la guerra sin el rigor que requiere el funcionamiento de unas fuerzas militares (formación, experiencia, reglamentos, etc.) es disminuir la capacidad de control del Estado a estas fuerzas. Por eso el temor de algunos analistas a que una negociación con los paramilitares no los desmonte completamente si no que termine desviándose en una riesgosa legalización. En otras palabras, los paramilitares están desgastados y desprestigiados, Uribe necesita gente (pero desde la institucionalidad) para su guerra contra la guerrilla. De existir, sería una muy riesgosa asociación.
En cualquier caso hay que recibir con complacencia todo esfuerzo por buscar minimizar la tragedia que causa el conflicto colombiano, y hay que aceptar que el mandatario de Colombia está haciendo lo que le pidieron: ponerse al frente del problema de seguridad. Pero no podemos dejar de mirar con cautela todas las movidas de los ´paras´ y lo que se teje a su alrededor. Desde hace un poco más de un año se vienen dando noticias y sucesos muy sospechos, que aunque parecieran aislados, hacen parte de un norte estratégico que vienen desarrollando las AUC con la dirección de Carlos Castaño: su libro confesión, la petición de extradición de EEUU a los dirigentes de las AUC, la renuncia de Castaño y el protagonismo de Mancuso, la división (y luego reunificación) de algunos bloques de las autodefensas, sus supuestos distanciamientos con el narcotráfico, la declaración de voluntad de Castaño de someterse a la justicia norteamericana, y ahora los acercamientos y diálogos con el gobierno de Uribe. ¿Cuál es el hilo conductor de la trama?, ¿A qué le apuestan los ´paras´?, ¿Qué pasará mañana?
Amanecerá y veremos.
agosto 14, 2002
Minority Report
Estas dos frases de la película de Steven Spielberg podrían significar dos cosas en el contexto colombiano actual. Una, el lema del nuevo gobierno del corazón grande y la mano dura. Y la otra, las palabras que quisiera decirle quien preside este gobierno a quien preside la guerrilla. Y digo que “quisiera” porqué Álvaro Uribe no es tan estúpido como para prometer la casi misión imposible de atrapar a Manuel Marulanda; algo casi tan difícil como atrapar al mismo Bin Laden (y con esto no quiero decir que Bush sea tan estúpido). En la película, que en español la llaman Sentencia Previa, las dos frases se refieren al desenlace de quien preside el Precrimen, un innovador sistema amparado por el gobierno estadounidense que combina la tecnología psíquica con estudios criminológicos y que nos permite soñar en una sociedad sin asesinatos.
No es muy lejano a lo que queremos los colombianos que nos levantamos todos los días en uno de los lugares con más homicidios en el mundo. Ni tampoco es muy distante al método que inspira al nuevo gobierno: un sistema de Precrimen impulsado no por tres mentes visionarias sino por un millón de ciudadanos informantes. Y las herramientas no son trajes futuristas ni modernas naves policiales, sino estados de excepción, decretos de conmoción y presupuestos especiales para las fuerzas armadas, es decir para la guerra, es decir para muerte.
En la película, en el Washington del 2054, el sistema estaba funcionando y valía la pena difundirlo por toda la nación. Pero el sistema era perfecto hasta que se devolvió contra él, la cabeza de la unidad de Precrimen. En la realidad, en la Colombia del 2002, el sistema podría empezar a funcionar pero tampoco va a ser perfecto. Podría luego devolverse contra todos, registrar mas victimas de la violencia. Pues con el noble objetivo de acabar con los violentos podríamos terminar todos como Tom Cruise en la película: acusado por un futuro asesinato de alguien que nunca conoció, sin poderse esconder, huyéndole a la muerte que el mismo atacaba y en la cual terminó metido hasta la cabeza.
Por eso si usted le va a apostar a la guerra, tenga cuidado: no se podrá esconder. Prepárese para correr.
noviembre 30, 2001
Éxodo
El problema radica en que en Colombia tenemos profesionales sin sensibilidad social y sin sentido político. De esto se deriva lo que es peor: tenemos profesionales que no conocen la realidad del país donde viven. Más allá de saber que es un país inseguro y con desempleo (por eso se van) no han tenido la oportunidad (o no han querido) entender las causas del conflicto.
Es completamente válido que un joven profesional de 25 años esté preocupado por su calidad de vida, "que quiera un carrito bacano para salir con una hembrita, enamorarse y luego poder pagar el estudio de sus hijos", como me respondía un amigo hace poco. Eso no debe porqué tener nada de reprochable. Y si una vía para conseguirlo es salir del país, no le veo discusión. Emigrar y hacer su vida en un país extranjero es una opción, es una opción valida aquí y en cualquier parte del mundo. Lograr una estabilidad social y económica puede ser fuente de felicidad para muchos; y cada persona feliz, cada hogar feliz en el mundo es de por sí ya una ganancia para la sociedad. Si hay profesionales colombianos que pueden conseguir un buen empleo y solucionar sus problemas en el exterior, bienvenido sea su éxodo y su éxito. Que se vayan del país, que paguen impuestos por allá y que gocen de las garantías y la seguridad social que les ofrece un país desarrollado.
Ahora bien, dirían los preocupados: "pero es que esos son los profesionales que el país necesita para sacarlo adelante". Como quien dice, los únicos profesionales que se van son los buenos y los que se quedan son los malos. No lo creo. De igual y mejor calidad son los profesionales que se quedan en Colombia y que siguen trabajando como empleados o como independientes. No tenemos tan pocos profesionales como para que se nos vayan todos, ni el exterior necesita tantos profesionales como para llevárselos todos. Así que salir del país es una decisión personal, es una opción que cada cual toma de acuerdo a sus capacidades y sus oportunidades.
Además, para qué queremos en Colombia personas que viven añorando estar en el exterior, qué viven haciendo lo posible por tener un estilo de vida primermundista en un país subdesarrollado, qué sólo piensan en los dólares que pueden acumular para sus viajes al extranjero. Ese tipo de colombianos más pueden hacer por el país afuera que adentro. Y allí es donde está la verdadera preocupación, los profesionales en Colombia no saben en que país viven y de esa manera sus esfuerzos poco contribuyen a la crisis del país. Si los que se quedan, por buenos profesionales que sean, se quedan ejerciendo sus labores sin ningún contexto social y político tampoco le hacen bien al país. Así que en este caso, lo preocupante no sería sólo el éxodo sino la permanencia de los profesionales en Colombia.
Lo reprochable entonces no es que se vayan. Lo reprochable es que se queden pensando que viven en el país de las maravillas. Los colombianos debemos entender que nacimos en un país conflictivo y con graves problemas sociales y políticos que han desencadenado un terrible conflicto armado. Y a los que se queden viviendo en el país hay que exigirles que actúen consecuentemente con esto. Pero obviamente que no se puede exigir de lo que no se tiene. La educación en Colombia no forma ciudadanos contextualizados, sólo capacita (sin entrar a discutir si lo hace bien o mal) personas para que se ganen la vida.
Es decir, repito, que el problema no es el éxodo de profesionales sino la actitud de los profesionales que se quedan. Y esto si es bien difícil de solucionar porque es, además, cada día un agravante más de la guerra y una barrera más para la transformación del país.
noviembre 23, 2001
La cadena de la paz
(Respuesta a un mensaje de correo electrónico -transcrito abajo-)
No es un secreto que Colombia se encuentra en difíciles condiciones de seguridad y que muchos colombianos hemos tenido que cambiar nuestro estilo de vida y actividades por la permanente amenaza de los actores armados en el país. Es bastante reconfortante que en los últimos años pareciera que mucha gente se ha logrado sensibilizar en torno al conflicto y lanzar expresiones con los medios a su alcance, en este caso Internet. Sin embargo, muchos de esos comunicados, a mi entender, apelan más a la emoción que a la razón y son elaborados con pocas certezas y conocimiento de las causas de nuestro conflicto social y armado. En este sentido creo que terminan siendo más dañinos que útiles. En la carta anexa se habla, por ejemplo, que el desempleo y subempleo superan el 65%, ¡por favor!, nuestra cifra de por sí es dramática pero por fortuna no ha superado, en el último año, el 20.5% (desempleo) y el 30.3% (subempleo) según el DANE.
Ahora bien, el comunicado dice que "Internet es nuestra arma", ¡vaya arma!… en Colombia sólo el 1.5% de la población es usuaria de Internet. En Latinoamérica los internautas somos el 3.2% y en el mundo sólo el 8.4%. Seguramente el autor de la carta estaba teniendo en cuenta el comportamiento de la población en países desarrollados como Estados Unidos y Canadá, donde sí podríamos decir que aproximadamente la mitad de la población usa Internet, si es que esto es significativo para llamarla la "gran fuerza internacional utilizando la fuerza de la unión". Claro que esa es una apreciación que no me sorprende debido que muchos colombianos hablan y planean sus proyectos como si vivieran en otro país, no se dan cuenta todavía de las reales condiciones del país donde viven.
Y para rematar hay muchos convencidos y convencidas de que la solución al problema es que fuerzas internacionales armadas "vengan a rescatarnos antes de perder lo poco que nos queda". Como si estuviera la comunidad internacional interesada en resolvernos un problema que los colombianos no hemos sido capaces de resolver por nosotros mismos. Conflictos mayores (de alcance global) bien ocupados los tienen.
Además afirman que "la solución comienza acabando con la guerrilla y sus cultivos ilícitos que financian sus operaciones", lo cual de hecho es necesario y parte de la solución pero no la solución definitiva ni la raíz del asunto, ya que son más bien consecuencias de factores internos más graves. Claro que poco sabremos nosotros desde nuestros escritorios de la otra mitad de colombianos y colombianas que están por debajo de la línea de pobreza (55% en 1999 según datos del World Factbook de la CIA, el informe de Fedesarrollo no fue más alentador*). Pero bueno, démosle espacio a la ilusión y supongamos que un gobierno de mano dura (como andan promoviendo por ahí) "acabe con la guerrilla", ¿Qué pasa después?, ¿Se quedará este país con paz permanente?. No lo creo. Un país históricamente excluyente, con inmensos problemas socioeconómicos y políticos, y con tan altos antecedentes de violencia, difícilmente no enfrentaría en poco tiempo mayor descontento social y otros brotes guerrilleros. Los economistas han demostrado que crecimiento económico no es lo mismo que desarrollo; y en estudios económicos serios, como el de "El conflicto armado en Colombia: una aproximación de teoría de juegos" **, demuestran que en esta guerra juegan actores armados desde una lógica económicamente racional y se observa claramente la importancia del factor de redistribución del ingreso como parte esencial de la solución. Esto sin incluir la barbara y sangrienta exclusión política que daría para otro estudio.
De esta manera, la verdadera solución del conflicto colombiano proviene de reales reformas a las estructuras políticas, sociales y económicas; pero eso no se hace sólo ni nos sale gratis. Eso no nos lo van a arreglar los gringos, ni el gobierno, ni la guerrilla. ¿Entonces quién?, buena pregunta, la sociedad civil sigue dormida u ocupada en otros asuntos. Somos muy ilusos si pensamos que vamos a cambiar el país desde nuestras oficinas enviando mensajes por Internet.
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* El 55 por ciento viven hoy en la pobreza. En el campo las cosas son peores, el nivel de pobreza se ubica en 80 por ciento. Pero no son las únicas cifras. La miseria también aumentó. Las cifras revelan que el 21 por ciento de la población colombiana vive en situaciones de extrema pobreza. Informe de la Encuesta Social de Fedesarrollo (1999), publicada en Semana.com
** Yuri Gorbaneff, Departamento de Administración, Dr. Flavio Jácome, Departamento de Economía. Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas. Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia.
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El mensaje que me llegó por Internet:
> Colombianos !!!
> ¡¡¡Somos prisioneros de guerra!!! ¡¡ Pero no todo está
> perdido...!!
> Estamos amenazados por:
> · Guerra
> · Secuestro
> · Crimen
> · El Caguán, zona tolerada para el cultivo y negocio de drogas
> ilícitas
> Resultados:
> · Miedo generalizado. Nadie se atreve a viajar por tierra, nadie
> sale de noche.
> · Pérdida de valores. Pregunten a los niños (¡¡no a nuestros
> congresistas, por favor!!)
> · Pobreza. Pérdida de más del 50% del patrimonio de los
> colombianos.
> · Quiebras y cierre permanente de empresas.
> · Medio país embargado.
> · Índices negativos de crecimiento. Colombia entrará nuevamente en
> recesión.
> · Desempleo y subempleo en los niveles más penosos del mundo
> (supera 65%)
> · Más de 1 millón de compatriotas ya han abandonado el país.
> · Más de US$10,000 millones se han ido del país.
> · Injusticia, muerte, terror&!!
> No tenemos ni tendremos un estado capaz de arreglar esta locura.
> Somos 40 millones de civiles prisioneros de una guerra que nunca
> termina. La solución comienza acabando con la guerrilla y sus
> cultivos ilícitos que financian sus operaciones. Quitemosle sus
> fuentes de financiación y su maniobrabilidad se va al suelo.
> Hay que meter una fuerza internacional que en dos semanas acabe con
> El Caguán antes que El Caguán acabe con nosotros.
> Hagamos una gran fuerza internacional utilizando la fuerza de la
> unión. El Internet es nuestra arma. Como lo hizo la población china
> con la tecnología del fax después de las masacres de la Plaza de
> Tiananmen.
> Vamos a hacer un movimiento de opinión para que a través de un
> plebiscito
> Fuerzas Militares de las Naciones Unidas vengan a rescatarnos
> antes de perder lo poco que nos queda.
> Si Ud. está de acuerdo, envíe o reenvíe este mensaje a cuantos
> amigos quiera (dentro y fuera de Colombia) y a
> dirnoticias@canalrcn.com. RCN mantendrá informado al país del avance
> de esta propuesta. Uds. se imaginan el poder del Internet para
> acabar esta locura en que nos tiene metidos el gobierno Pastrana?
> La inmensa pero silenciosa y atemorizada mayoría.
octubre 15, 2001
La perversa política como medio de autodestrucción del planeta
El pánico hasta ahora ha sido mayor que los efectos del supuesto ataque con armas biológicas. Han sido cuatro los sobres reportados oficialmente con contenido de las esporas de la bacteria que produce el Anthrax. Uno en las oficinas de American Media en la Florida, otro en la NBC de New York, uno más en la oficina del senador Tom Daschle en Washington, y el que llegó a una sede de Microsoft en Nevada. Estos son los que oficialmente se han reportado, no sabemos cuántos más han llegado fuera del alcance de los medios ni cuántos más llegarán en los próximos días, en los próximos meses, ni en los próximos años; pues esta guerra puede irse para largo. Esto sin contar que la única amenaza no es el bioterrorismo, sino también las armas químicas y peor aún las nucleares, todas estas agrupadas por lo que los organismos defensa estadounidenses llaman las Armas de Destrucción Masiva (WMD - Weapons of Mass Destruction).
La realidad mundial actual es una fiel descripción de la intolerancia y de la incapacidad de los seres humanos de convivir pacíficamente. Desde la lógica humana es completamente inaceptable, incomprensible y reprochable. Sin embargo, la lógica que maneja al mundo no es la que llamanos humana (al menos no es el significado que le quisiéramos dar), el planeta Tierra es manejado por la lógica del poder, de la posesión territorial, la imposición cultural y la incomprensión religiosa. Algunos dirán que es la lógica de la política, y en cierto sentido tendrían razón. Pero es la perversa lógica de la política, la cual a su vez, bien practicada, es la única que en términos de convivencia humana podría salvarnos de la autodestrucción y la guerra.
junio 28, 2001
La gota que llenó la Copa (América)
El secuestro del vicepresidente de la Federación Colombiana de Fútbol y miembro del comité ejecutivo de la Confederación Suramericana de Fútbol, Hernán Mejía Campuzano, puso el punto final a la ilusión de los colombianos de realizar la Copa América 2001. Dice el gobierno y los medios que los responsables son las FARC. Pero también dice el gobierno y parte de los medios que "no se puede ligar este secuestro con la Copa América". Lo mismo argumentaron para evitar (o dilatar) la decisión cuando colocaron la bomba en el hotel donde estaban las oficinas de la Copa en Cali. Y lo mismo dijeron cuando estallaron los petardos en Bogotá, y estos son sólo dos ejemplos.
Qué todo siga igual. Esa parece ser la postura del estado colombiano frente a los acontecimientos que cada día cobran más víctimas a la sociedad. Y lo aún más triste es que esa parece seguir siendo la postura de millones de colombianos que aún no quieren darse cuenta que viven en un país en guerra. Basta con mirar lo que ha pasado con el Acuerdo Humanitario, con la entrega de soldados y policías "prisioneros de guerra". Sólo hay que ver la postura del Mono Jojoy frente a las declaraciones del gobierno. Darse cuenta de la fuga de los guerrilleros presos (¿prisioneros de guerra?). El secuestro del líder indígena, el asesinato de otros dos líderes indígenas en esta semana. Y es mejor no seguir, basta con abrir un periódico para engrosar la lista.
Pero si de alguna manera se puede decir que esto es independiente de la Copa América pues no se puede decir que es independiente de la guerra que se vive en Colombia. Y claro, el torneo se iba a vivir en Colombia, es decir en guerra. Eso no se puede desconocer, aunque nuestros mandatarios parezcan vivir en otro país. Y la guerra tampoco es independiente de los colombianos, sobre todo de quienes aun vivimos en estas tierras con cada vez más miedos y tristezas.
Pero la vida sigue (no para todos, por supuesto). Hoy es Hernán Mejía y mañana será otro colombiano. Hoy es la Copa América y mañana será cualquier otro evento. Y nosotros seguimos pensando que este "país de las maravillas" da para todo, aguanta de todo.
¿Cuál va a ser la gota que va a llenar la copa de los colombianos?, ¿Cuándo le vamos a hacer frente a la guerra que vivimos en nuestro país?.